¿Cuánto riesgo puede asumir?
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Si la volatilidad del mercado le impide conciliar el sueño, tal vez deba cambiar su actitud o sus inversiones.

Una caída drástica en el mercado de valores, ¿le da ganas de salir corriendo? No es el único. Uno de los secretos a voces ilógicos referente a los mercados financieros supuestamente racionales es que solo se necesita una caída de un 10% o un 20% en el promedio industrial de Dow Jones para que un inversionista con "tolerancia al riesgo" se convierta en alguien con aversión a los riesgos.

"Muchas personas aseguran que pueden manejar una caída en el mercado del 10% pero cuando su cartera de $10 millones cae a $9 millones, reaccionan completamente diferente", dice Alan McKnight, Director de Inversiones en Administración del Patrimonio de Regions.

McKnight se echa la culpa—bueno, al menos como parte de la comunidad de profesionales en inversiones que no puede darse cuenta que cuando los asesores profesionales de inversión hablan de riesgo, a menudo sus clientes no entienden lo que quieren decir.

Cuando los inversores hablan de riesgos de inversión, están preocupados por la posibilidad de pérdidas, explica. Cuando los asesores hablan de riesgo, se refieren a la volatilidad —en qué medida la función de la inversión tiene la posibilidad de desviarse del precio. "No hemos hecho un buen trabajo vinculando los dos conceptos", opina.

En un mercado que depende de la correlación cercana entre riesgo y ganancia, esa es una distinción importante. Y esto sirve para explicar por qué los asesores creen en realidad que depositar todo el dinero en inversiones supuestamente "seguras" puede ser la decisión más riesgosa de todas.

Riesgo versus ganancia

A modo de aclaración, analicemos algunas categorías de inversiones—acciones de grandes compañías; bonos gubernamentales a largo plazo y facturas de Tesorería de EE. UU.—y cómo funcionan con el tiempo.

  • Se considera que las acciones estadounidenses son los bienes de mayor riesgo ya que sus precios fluctúan ampliamente en períodos breves. De hecho, en el peor año para las acciones estadounidenses, los precios cayeron drásticamente en un 43.34%. En su mejor año, las acciones volvieron prácticamente al 54%. A largo plazo, la rentabilidad general de las acciones estadounidenses de una gran compañía ha promediado el 10%—unos 7 puntos porcentuales más que la tasa de inflación a largo plazo. 
  • Por otro lado, las facturas de Tesorería de EE. UU. son los activos menos riesgosos. Si bien no aumentan mucho su valor anualmente, en raras ocasiones se devalúan. En el peor año, la rentabilidad total de las facturas de Tesorería cayeron un minúsculo 0.02%. Su promedio de rentabilidad anual es aproximadamente del 3.4%—tan solo un poco más que la tasa de inflación a largo plazo.
  • Los bonos gubernamentales a largo plazo son el punto intermedio ya que caen en menos del 15% en su peor año y tienen una rentabilidad promedio aproximada del 5.5% a largo plazo.

En dólares

¿Qué significan esas cifras para un inversor a largo plazo? Supongamos que usted invierte $500 al mes durante el transcurso de 30 años. Si sus inversiones fuesen en acciones de grandes compañías en EE. UU., su cartera estaría sometida a muchos altos y bajos en el trayecto.

De hecho, debería esperar que el S&P 500 (el índice más popular de medición de rentabilidad para acciones estadounidenses) cayera un 5% tres veces al año, un 10% una vez al año y un 20% cada tres años, comenta McKnight. Pero los aumentos por lo general son igualmente drásticos. Y si puede soportarlo, las ganancias pueden ser grandes.

Asumiendo que logra un rendimiento anual promedio del 10%, habrá acumulado $1.13 millones al finalizar el período de 30. (Dato interesante: solo $180,000 de esa interesante cantidad de dinero que asciende a más de un millón provino de sus aportes; el resto se acumuló a partir de ingresos de inversiones compuestas).

Si en su lugar hubiera elegido invertir en facturas de Tesorería, su cartera no hubiera tenido prácticamente oscilaciones en el valor. Pero costaría tan solo $312,211 al final de un período de 30 años—alrededor del 72% menos que si hubiera tomado el camino "más riesgoso".

Riesgos mayores

También hay que destacar que la inflación consume el poder adquisitivo con el paso del tiempo en una tasa promedio del 2.9%, lo cual significa que la persona que tomó el camino seguro simplemente no avanzó, en términos económicos; mientras que la persona que asumió algún riesgo aumentó su poder adquisitivo con el paso del tiempo.

"Si tiene tanto capital como para vivir de sus ahorros sin ninguna clase de rentabilidad, entonces no tiene que tomar ningún riesgo de inversión", dice McKnight. "Pero hay muy pocas personas que están dentro de esa categoría".

Además, agrega que la posibilidad de quedarse sin dinero antes de quedarse sin aliento puede ser mucho más significativa que el riesgo de tener que atravesar una recesión temporal del mercado. Si bien las recesiones son regulares, por lo general duran poco. El mercado en baja promedio (en donde el precio de las acciones cae un 20% o más) dura tan solo 13 meses. 

Pero, ¿qué sucede si se jubila en un par de años? ¿O si no tiene el temperamento para soportar un giro brusco en el mercado? De eso se trata la diversificación

En lugar de invertir cada dólar en una clase de activos como el inversor hipotético de arriba, la persona que es inteligente tiene un poco de dinero en acciones —tanto nacionales como internacionales—, un poco en bonos y otro poco en efectivo. El dinero en efectivo está allí para garantizar la idea de que puede afrontar las emergencias como también sus necesidades diarias durante su jubilación, como los comestibles; se invierte en bonos para tener estabilidad y diversificación; mientras que las acciones pueden proporcionar crecimiento a largo plazo para poder mantener su poder adquisitivo incluso en su vejez, mucho después de haber dejado de trabajar.

El monto indicado de cada inversión variará según la persona, sus activos, las circunstancias y la capacidad para soportar los vaivenes del mercado. Lo importante es que tenga un plan minucioso que le permita afrontar los buenos y malos momentos. Si no lo tiene, el mayor peligro para su patrimonio es usted mismo.

"Es fácil decir que puede soportar una pérdida de un 20%, pero si tiene un arrebato emocional y vende impulsado por el pánico, puede transformar una pérdida temporal de capital en una permanente", dice McKnight. "Es fundamental poder seguir el plan".

Hable con su asesor sobre:

  • Si su cartera actual está en consonancia con su  tolerancia de riesgo
  • Estrategias que podrían ayudarlo a moderar el efecto de la inflación y la volatilidad del mercado en sus inversiones
  • Las opciones que tendría para un "plan B" en caso de que la volatilidad del mercado afecte sus metas a corto plazo

 

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