Hogar, dulce hogar, nuevamente
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Volver al hogar después de la universidad conlleva implicancias financieras para ambas generaciones. La planificación inteligente puede ayudar a aliviar las tensiones.

Daryl KerstingNo hizo falta mucho cálculo para que Nick Vecore llegara a la conclusión de que el mejor lugar donde vivir después de graduarse en 2013 era junto a sus padres. "Por qué no vivir en un lugar donde no pague alquiler y pueda generar ahorros?", se pregunta Vecore, quien trabaja para una firma de mercadeo en Southfield, Michigan, y está ahorrando para el pago inicial de una vivienda.

Esas opciones ya son moneda corriente. Las investigaciones recientes demuestran que la mayoría de los norteamericanos de entre 18 y 34 años viven con sus padres. "La desaceleración del crecimiento económico ha creado un mercado laboral complejo, e incluso aquellos que pueden conseguir un trabajo, normalmente no generan el dinero que necesitan", dice Daryl Kersting, gerente comercial de área de Medio Oeste para la Administración del Patrimonio Privado de Regions en Clayton, Missouri. "Además, si termina la universidad con una deuda estudiantil, va a ser muy difícil poder mantenerse con sus propios medios". Kersting cita otro factor: la edad gradualmente incrementada a la que las personas se casan, la cual para los hombres se elevó de 24 años en 1980 a 28 años en 2010. En el caso de las mujeres, el promedió aumentó de 22 a 26 en ese mismo período.

Cualquiera sean los motivos para regresar al hogar, existen implicancias financieras para todos. En el mejor panorama, dice Kersting, esos exalumnos utilizan el tiempo que están en el hogar para pagar su deuda universitaria y ahorrar para cumplir otras metas. El hecho de que regresen también puede beneficiar a la familia de otras formas, lo que abre la puerta a las conversaciones sobre los planes financieros a corto y largo plazo de los padres. Lo menos ideal es cuando los padres bienintencionados cubren los gastos de sus hijos sin insistir en el progreso en su educación o profesión, lo que puede ser una mala noticia para ellos. "Gastar dinero en los hijos implica que no está contribuyendo tanto como podría en su 401(k) o IRA", plantea Kersting.

Para evitar las consecuencias negativas, Kersting sugiere que los padres y los hijos se sienten a dialogar antes de la graduación universitaria y desarrollen un plan financiero por escrito, que incluya cuánto tiempo los hijos vivirán en el hogar y qué harán para mejorar su situación financiera. "Los padres quieren respaldar a sus hijos, aunque deben evitar que los jóvenes se vuelvan complacientes".

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