Ganar más que su cónyuge puede fortalecer su relación
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Cuando gana más que su esposo, eso puede impulsar una dinámica diferente en su matrimonio.

Si usted es una mujer y es el principal sostén económico de la familia, eso significa que es una del cada vez mayor número de mujeres que gana más que sus cónyuges.

¿Cuántas mujeres están ganando más que sus cónyuges? En 2017, el 28 por ciento de las mujeres casadas o en concubinato ganaban más que sus parejas, en comparación con el 12 por ciento en 1980, según una encuesta de Pew Research Center, mientras que la Oficina de Estadísticas Laborales estima que el 29 por ciento de las mujeres ganan más que sus esposos en hogares de doble ingreso.

Si bien ya no es una rareza que las mujeres sean las principales fuentes de ingresos de una familia, algunas expectativas con respecto a los roles de género demoran más tiempo en evolucionar. Se podría esperar que los hombres realicen más tareas domésticas cuando su cónyuge es el principal sostén de la familia, pero las investigaciones demuestran que los hombres realizan menos tareas hogareñas que si fueran quienes más ingresos tienen.

Sin embargo, su matrimonio no es una estadística. Su relación y su vida hogareña pueden ser tan sólidas como su currículum vitae.

La comunicación es el primer paso, que resulta esencial. "Les recomiendo a las parejas que programen reuniones con regularidad por mera diversión", dice Marianne Clyde, terapeuta matrimonial y familiar certificada con sede en Warrenton, Virginia. "Esta es su oportunidad de sacar a relucir y abordar las inquietudes antes de que se conviertan en resentimientos, así que haga un espacio en su calendario y continúe hasta el final".

Aportes y divisiones

La forma de asignar los ingresos dispares es un problema que se debe abordar y revisar. Un método de asignación implica destinar parte del ingreso de cada cónyuge a facturas específicas u objetivos de ahorro. Por ejemplo, puede pagar la hipoteca con los ingresos suyos mientras su cónyuge se hace responsable de aportar a la cuenta de ahorros universitarios de sus hijos o ahorrar para las vacaciones con los ingresos de él. Otra alternativa es dividir todos los gastos domésticos y conjuntos en proporción a sus ingresos.

Clyde sugiere utilizar un sistema bancario de "tres cubos", en el que se aportan fondos a una cuenta conjunta para gastos compartidos de acuerdo a los ingresos, mientras que cada cónyuge mantiene una cuenta separada a su nombre. Esa cuenta separada puede gastarse como cada uno lo considere necesario, aunque hay algunas excepciones. "Ciertos tipos de compras, como por ejemplo botes o mascotas, deben discutirse previamente", advierte Clyde.

El sistema de cubos le permite a cada cónyuge tener un control independiente del dinero, y no requiere que el cónyuge que gana menos tenga que pedirle dinero al que es sostén de la familia. "En una relación respetuosa y ventajosa para ambos, no creo que nadie deba colocarse en esa posición", opina Clyde, y dice que generalmente es una mala idea que uno de los cónyuges le entregue una asignación al otro.

Ganar más no le da el derecho a controlar los fondos ni de hacerse cargo de administrar las finanzas hogareñas. Sin embargo, al ser el principal sostén de la familia, el seguro de vida y el seguro por eventual discapacidad son inversiones importantes para garantizar la tranquilidad del hogar. Y en lo que respecta a la protección personal, puede ser importante explorar un acuerdo pos-nupcial, especialmente si es propietario de un negocio o sociedad profesional.

Economía del hogar

Ya sea que lo note o no, existen posibles efectos emocionales en un matrimonio donde la mujer gana más que su pareja. Los investigadores de University of Chicago descubrieron que las tasas de divorcio son más altas cuando la esposa gana más, porque eso trastoca las expectativas sociales, entre otras razones.

"Las parejas deben armar un frente unido para defenderse de la negatividad externa", dice Clyde, "lo que puede incluir comentarios burlones de amigos u opiniones de los suegros, e incluso de su asesor fiscal". Agrega que las expectativas sociales también pueden ejercer presión sobre el matrimonio.

Esto puede explicar en parte por qué algunos esposos que ganan menos realizan menor cantidad de tareas domésticas: al sentirse disminuidos, pueden resistirse a hacer lo que alguna vez se consideró "trabajo de mujeres", como limpiar o cocinar. Por la misma razón, incluso las mujeres que modifican esos parámetros pueden dividir el trabajo doméstico por cuestiones de género estereotipadas. "Contratar a personal externo para que se encargue de la limpieza hogareña evita muchos dolores de cabeza", dice Clyde. "Cambie su forma de pensar y pase de '¿quién debería hacer qué?' a '¿Qué podemos tercerizar?'. De alguna manera, es como comprar el tiempo. Es como comprar la paz".

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