Opinión sobre economía
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Avanzar en territorio todavía inestable

Julio de 2020

En el que puede terminar siendo el momento más "ah, y por cierto..." registrado en la historia, a las 8:30 EST del 30 de julio la Oficina de Análisis Económico (BEA, en inglés) publicará la primera estimación del PBI del trimestre 2 de 2020. La mayoría de los analistas, y nos incluimos en este grupo, esperamos un PBI real con una contracción anualizada de entre el 30 y el 40 por ciento para el trimestre 2. Si bien hay un alto grado de incertidumbre en torno a estos pronósticos, lo que es seguro es que la contracción en el PBI real del trimestre 2 será seguramente la más grande jamás registrada. Por cierto que ver el número impreso (o en la pantalla de una computadora) probablemente genere algo de inquietud, pero en términos generales el informe del PBI del trimestre 2 ya es noticia vieja.

Entre los datos semanales de los pedidos iniciales del Seguro de Desempleo, el seguimiento de los datos de gastos de consumo, las mediciones más frecuentes de confianza de los consumidores y las empresas y la ampliación de las restricciones de la actividad económica, era claro a fines de marzo que la contracción del PBI real en el trimestre 2 tendría dimensiones épicas. Cuando empezaron a aparecer estos pronósticos, fueron una gran sacudida -incluso para aquellos de nosotros que nos dedicamos a hacer pronósticos- y los mercados respondieron en consecuencia. Sin embargo, gracias en gran medida a las respuestas extraordinariamente agresivas del Congreso y la Reserva Federal, hacia mediados de abril el foco se había corrido y ya no estaba puesto en la magnitud de la contacción en el trimestre 2 sino en cómo sería la posterior recuperación en el segundo semestre de 2020.

Las expectativas con respecto al nivel de recuperación de la economía eran muy variadas, pero más allá de los aspectos específicos, cualquier pronóstico del camino de la economía a lo largo de la segunda mitad de 2020 y en adelante incluía una advertencia condicionante: que el camino de la economía dependía de los resultados para la salud pública, que eran en sí mismos altamente inciertos. Cualquiera que hubiera perdido de vista ese punto, debió recordarlo de manera bastante cruda en las últimas semanas. Desde mediados de junio se produjo un pico en la cantidad de casos positivos de COVID-19. El hecho de que el pico se produjera a medida que los estados flexibilizaban la actividad económica generó la inquietud de que quizá la recuperación económica que se empezaba a gestar tuviera una interrupción abrupta antes de poder tomar impulso.

Hay tres componentes principales que darán forma a la dirección que toma la economía a partir de ahora. Primero y principal, si se mantiene el pico reciente en casos positivos de COVID-19 y se intensifica, cosa que por el momento nadie está en condiciones de predecir con cierto grado de certeza. El segundo componente es la respuesta en términos de políticas públicas y, aunque todavía está en las primeras etapas, hay ciertos patrones claros que se empiezan a ver. En lugar de apresurarse a reimponer las restricciones sobre la actividad económica de las primeras etapas de la pandemia, los encargados de políticas públicas estatales y locales han respondido al pico reciente en los resultados positivos con intervenciones orientadas. El hecho de que puedan hacerlo refleja una mejora considerable tanto en la cantidad como en la calidad de los datos de pruebas de detección y rastreo de contactos. Por ejemplo, el rastreo de contactos demuestra que los bares y restaurantes han sido un espacio común para muchos de quienes recibieron un resultado positivo en la prueba de detección, y los datos demográficos muestran una disminución pronunciada en la edad promedio de las personas con resultado positivo.

Esta información permitió a los encargados de políticas públicas responder de maneras muy específicas, por ejemplo cerrando bares y cerrando o imponiendo más limitaciones a los establecimientos gastronómicos con mesas. Si fuera necesario implementar más respuestas, asumimos que este patrón inicial sería el modelo, que será mucho menos disruptivo para la economía que los cierres generalizados. El tercer componente importante es la respuesta de los consumidores y las empresas, y por el momento es demasiado pronto para conocerla. Por ejemplo, si el pico de casos positivos de COVID-19 se mantiene, las mejoras recientes en la confianza de los consumidores y las empresas podrían revertirse fácilmente, lo que tendría consecuencias en términos de gasto de consumo, inversiones corporativas y en el mercado laboral.

Entonces, si bien es claro que la economía había empezado a recuperarse, el progreso logrado hasta la fecha parece algo frágil, y los datos económicos siguen enviando mensajes confusos. Por ejemplo, después de una caída de 21.191 millones de empleos en total a lo largo de marzo y abril, el empleo no agrícola en el sector privado se incrementó en 7.999 millones de empleos en total a lo largo de mayo y junio. A excepción de las industrias de minería y recursos naturales, todos los sectores de la industria incorporaron empleos, particularmente concentrados en tres grupos: servicios de recreación y turismo, comercio minorista y servicios de educación y salud. Estos tres grupos de la industria dieron cuenta del 60.9 por ciento de todos los empleos pérdidos en el sector no agrícola en marzo y abril, pero también representaron el 74.3 por ciento de todos los nuevos empleos no agrícolas de mayo y junio. Dentro del sector de servicios de entretenimiento y turismo, los restaurantes y bares fueron los que tuvieron un mayor aumento en el empleo, y son los establecimientos con mayor riesgo a partir del pico reciente de casos positivos de COVID-19.

En ausencia de una incidencia más dispersa en términos geográficos y demográficos de casos de COVID-19, la economía debería seguir recuperándose a lo largo de la segunda mitad de 2020, aunque quizá a un ritmo más lento que el esperado antes del pico reciente. Sin embargo, el camino de la economía se encontrará con más obstáculos. El más inmediato: muchos hogares enfrentan un "precipicio" en términos de ingresos para fines de julio, momento en que vencen los beneficios complementarios del seguro de desempleo (UI) que paga el gobierno federal. Estos pagos fueron críticos para mantener a flote a muchos hogares, pero al momento de la redacción de este artículo no hay nada ni remotamente parecido a un consenso con respecto a la extensión de los pagos complementarios de UI ni acerca de la modalidad que tendría, de aprobarse. Algunos argumentan que los montos de los pagos complementarios desalienta el trabajo, mientras que otros destacan la mejora reciente en las condiciones del mercado laboral como evidencia de que no habrá extensión de los beneficios complementarios del UI.

Hay que reconocerle al Congreso que actuó de manera rápida y agresiva con el surgimiento de la pandemia. El hecho de que los resultados en términos de salud pública sigan siendo inciertos, sin embargo, implican también un alto grado de incertidumbre en términos de los resultados económicos, con riesgos persistentes e importantes hacia la baja. En este sentido, los encargados de políticas públicas pueden hacer mucho, y evitar el hundimiento de grandes cantidades de hogares para que no caigan por el precipicio a fines de este mes es un buen comienzo.

Fuente: BEA; BLS

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